El beso de la luciérnaga
Pensé en el Beso de la luciérnaga, es igual al que dejaste marcado el día que nunca existió.
Me mentías con miradas inocentes…me hablabas de ti, de todas tus noches en la calle esperando un nuevo amor, yo solo te escuchaba. Me hablaba tu lamento, me inspiraba en ti, en las noches cigarrientas donde me mostrabas como consumías tu vida en segundos.
Tu mano me tomo por sorpresa, nunca me imagine que eso fuera a pasar, sé lo que sentiste, te interrumpí para decir uno de mis chistes malos, sino lo hiciera dejaría de ser yo, pero me gusta como tu cuerpo se expresa inmaculado, con aires de belleza agotado por las horas; te has ido, no soporto mi ánimo que ya ni siquiera puedo definir.
Escuche varios días tu música, solo para llenar mi cuarto con los minutos que gastábamos en la cama…descubrí que era igual de vacío el sentimiento, nunca estabas acá, las sabanas te servían de piel, y tu moral quedaba perfecta de tacón en tus sandalias.
Últimamente he tratado de escribir algo para ti, confieso que tengo miedo a lo que diré, me he cansado tantas veces que no se si esta será la definitiva.
Solo una frase se ha repetido en mi mente; una, dos, cien veces diciendo: ya no quiero que seas mi puta.
Cuando te conocí me hundí en tus ojos, tus oídos, tus costillas… que parecieran decir mi nombre en las noches silenciosas, pero no, lleva el nombre de muchas más que son merecedoras de ti porque te pagan y es a ellas, a quienes te entregas como si de verdad existiera un sentimiento, dejando tu paranoia en la casa del vecino. Las hojas de los árboles cayeron y sentí mi corazón entre tus piernas, haz lo que quieras con él, ya no me interesa.